El Presidente no logra traducir su arrastre nacional en victorias provinciales. El sello LLA tiene un techo sin su figura en la boleta y la baja participación fortalece al aparato local.
El fenómeno Milei no se copia en las provincias
Con los resultados de las últimas elecciones provinciales —y exceptuando la Ciudad Autónoma de Buenos Aires— Javier Milei y su espacio no logran consolidar victorias frente a los oficialismos locales. Derrotas en Santa Fe, Formosa, Misiones, Salta, y la necesidad de subordinarse a alianzas en Chaco muestran que, sin Milei en la boleta, “La Libertad Avanza” no tiene la misma potencia.
El dato es concreto: el sello libertario mantiene un caudal electoral cercano al 30%, que fue su base en las generales de 2023. Pero ese piso nacional parece convertirse en techo en elecciones provinciales donde el kirchnerismo no es el único rival ni el único aparato. En esos casos, el voto opositor se divide y el peronismo territorial sigue ganando terreno, muchas veces con escasa competencia real.
¿Alarma para Milei o calma para el resto?
Lo cierto es que Milei sigue siendo el sol alrededor del cual orbita toda la política nacional. Ningún otro dirigente arrastra tantos votos a nivel país, ni genera tanta discusión pública. Pero hasta ahora no ha podido transformar ese liderazgo personal en una maquinaria electoral efectiva que le permita ganar sin él en la boleta.
Para el oficialismo libertario, la debilidad territorial es clara. Depende exclusivamente de la figura presidencial para mantener volumen político, y eso limita sus posibilidades en las elecciones provinciales. Para el resto del sistema político, en cambio, esta situación es un alivio: mientras Milei se mantenga sin estructura real, las provincias seguirán siendo tierra dominada por los oficialismos locales.
Baja participación, victoria del aparato
No es novedad que los oficialismos locales manejan sus territorios con un aparato aceitado. Ya sea con bolsones, muebles, planes sociales o directamente con plata, la política provincial se juega con logística real. Y cuando la participación es baja, ese aparato se vuelve decisivo.
En escenarios donde vota menos del 50% del padrón, ese 15% de clientela asegurada puede inclinar la balanza sin mucho esfuerzo. El aparato siempre fue una base minoritaria, pero con menos competencia en las urnas, su peso se multiplica. Para Milei, que apela a un voto independiente, espontáneo y muchas veces antisistema, ese terreno se vuelve hostil.
Mientras no logre construir una red territorial propia o elevar la participación en esos distritos, los oficialismos locales seguirán ganando por walkover. La batalla de las provincias es, por ahora, un partido que Milei no sabe jugar.


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