Por DataFina

El panorama político argentino vuelve a sacudirse. Las elecciones dejaron una sorpresa que pocos esperaban: el gobierno, con una economía en crisis y bajo la mirada directa de Estados Unidos sobre el Ministerio de Economía, terminó imponiéndose al peronismo incluso en la provincia de Buenos Aires. ¿Cómo se explica que un oficialismo golpeado logre revertir la tendencia y vencer en la tierra de Kicillof?


¿Por qué perdió el peronismo?

Las razones son múltiples. Axel Kicillof, al anticipar un resultado favorable, despertó el voto opositor. El cabeza de lista de Fuerza Patria, Jorge Taiana, representó más apatía que entusiasmo, y las listas “soft” apenas tuvieron un nombre con cierto peso: Juan Grabois. En un contexto donde el gobierno mostraba un evidente fracaso económico, la gente no eligió al peronismo.

La explicación está en la calle. Frases como “prefiero esto antes que vuelvan los K” o “no quiero que regrese la chorra” reflejan el mayor problema del PJ hoy: su principal figura, Cristina Kirchner, genera más rechazo que apoyo. El viejo lema “sin Cristina no se puede, pero con Cristina no alcanza” mutó en algo más lapidario: “con Cristina no se puede”.

No se trata de gorilismo, sino de diagnóstico: Cristina es una figura potente, pero también una carga pesada para cualquier candidato que intente representar renovación. Y lo más grave es que el peronismo, más allá de los nombres, parece haber perdido algo más profundo: su doctrina.


La muerte de la doctrina peronista

El peronismo fue una fuerza con identidad, ideología y mística. Hoy, su discurso se resume en frases vacías como “pongámosle un freno a Milei” o “defendamos lo que conseguimos”. No hay modelo de país, no hay narrativa de futuro. La fuerza que antes estaba dispuesta a resistir por el otro, se convirtió en una red de dirigentes cuyo mayor objetivo es ocupar una banca o una concejalía.

Sin una propuesta clara de gobierno ni un proyecto ideológico sólido, el peronismo se reduce a la espera de un nuevo líder carismático que vuelva a enamorar al electorado. Pero sin plan, cualquier figura terminará en otro ciclo tipo “Albertismo sin Alberto”: ganar y después improvisar.


El peronismo se conurbanizó

La Libertad Avanza no ganó por Buenos Aires: su base está en las provincias, donde el peronismo dejó de existir como alternativa. El movimiento nacional se convirtió en un partido del conurbano. Lo que De la Sota y Schiaretti hicieron con el “cordobesismo”, hoy lo replica la conducción actual con el “conurbanismo”: un esquema de poder fuerte, pero sin expansión posible.
El PJ se encierra en su bastión más fiel, sin construir fuera de él, y así termina más chico cada año.


Cristina Kirchner: el fin de una era

Cristina fue dos veces presidenta y llegó a superar el 50 % de los votos. Hoy es el mayor limitante del peronismo. Su sola aparición reactiva al antiperonismo y le devuelve energía a cualquier opositor.
Además, su poder interno sigue siendo tan grande que nadie se anima a superarla. Cualquier dirigente que asome la cabeza y gane protagonismo sabe que no será liberado políticamente mientras ella conserve el control. Y esa parálisis explica buena parte del estancamiento actual.


El futuro del peronismo

Paradójicamente, el presente ofrece una oportunidad. Con todos los nombres grandes desgastados —Kicillof, Massa, Cristina— el PJ puede volver a empezar.
Es momento de dejar de hablar de candidatos y empezar a construir un plan de gobierno, una visión de país para los próximos ocho años. El candidato se fabrica después: lo importante es la idea.
El problema no es Milei; es la falta de una propuesta alternativa real.


Conclusión

La preocupación del peronismo no debería ser electoral, sino existencial. Si Milei fracasa, el voto volverá al PJ por descarte, no por convicción. Pero si ese regreso no trae un proyecto sólido, la historia se repetirá.
El desafío es reconstruir una identidad, un horizonte y una doctrina. De lo contrario, el movimiento que alguna vez fue nacional y popular quedará reducido a un recuerdo de poder.

— DataFina

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